Mensaje de la Administradora del PNUD, Helen Clark, en el Día Mundial del SIDA

01-dic-2014

La actual crisis del Ébola nos recuerda que la lucha contra las enfermedades transmisibles exige cambios de comportamiento, compromiso de las comunidades, asociaciones entre gobiernos y sociedad civil, y reducción de las desigualdades. Un diagnóstico y un tratamiento tempranos son aspectos asimismo vitales. Estas lecciones las hemos aprendido en la lucha contra el VIH.

Si queremos poner fin a la epidemia del SIDA como amenaza para la salud pública para el año 2030, no debemos perder el sentido de urgencia y compromiso con los derechos humanos que inspiró los primeros momentos de la respuesta.
 
Sin duda, ha habido grandes avances en la prevención y tratamiento del VIH. No obstante, queda aún mucho por hacer: en 2013 se produjeron 2,1 millones de nuevas infecciones por el VIH. Si bien la mortalidad por SIDA en la población general está disminuyendo, entre los jóvenes se ha incrementado. Esta enfermedad es la principal causa de muerte entre los adolescentes en África, y las mujeres jóvenes están en situación de especial vulnerabilidad ante ella.

A finales de 2013, la cobertura de la vital terapia antirretroviral era de sólo el 37 por ciento entre los adultos y el 23 por ciento entre los niños de 0 a 14 años de edad. Y seguimos viendo disparidades en la situación sanitaria que reflejan otras desigualdades e inequidades mayores en la sociedad.

Las poblaciones con mayor riesgo de contraer el VIH - ubicadas a menudo en los márgenes de la sociedad y compuestas por hombres que practican sexo con hombres, personas transgénero, trabajadoras sexuales y personas que usan drogas - no se benefician por igual de las conquistas de la respuesta al SIDA. En muchos lugares, leyes y políticas punitivas siguen impidiendo el acceso a los servicios básicos, y no existen en la práctica ni legislación ni políticas de protección.

El estigma, la discriminación, la desigualdad de género y la violencia sexual y de género siguen obstaculizando una respuesta al VIH basada en datos empíricos y en derechos.
 
Poner fin a la epidemia del SIDA como amenaza para la salud pública para el año 2030 no va a lograrse únicamente mediante una acción en el sector de la salud. Además de ampliar la prevención y el tratamiento contra el VIH y de fortalecer la capacidad de los sistemas de salud, es importante crear entornos jurídicos y políticos propicios, reducir la pobreza, empoderar a las mujeres y las niñas, garantizar que los niños terminen la escuela, mejorar la nutrición y proporcionar protección social.
 
A medida que los objetivos de desarrollo sostenible para después de 2015 toman forma, el mundo tiene una opción clara: si mantenemos la actual situación, el VIH avanzará más rápido que nuestra respuesta y no lograremos acabar con el SIDA como amenaza para la salud pública para el año 2030. En cambio, si la derrota del VIH sigue siendo prioritaria y hay una rápida ampliación de datos empíricos y respuestas al VIH centradas en los derechos que no dejen a nadie atrás y contribuyan a la erradicación de la pobreza y la reducción de la exclusión y la desigualdad, podremos alcanzar nuestra meta para 2030.

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